La inmensa sonrisa de Sofia Loren parece coquetearle al “I love you!”, que el diseñador Miguel Ángel Guzmán le escribió a su lado. Es apenas una fotocopia en blanco y negro, pero el glamour de la diva italiana traspasa el papel tamaño carta para transformarse en la musa inspiradora que el creador de moda chileno contempla en su taller.
Por ahí algún estudiante de diseño le ha llamado “vaca sagrada”, algo molesto por considerar que Guzmán es uno de esos personajes de la moda que parecen no dar cabida a nuevos diseñadores. A eso, Miguel Ángel, antiguo creador de los trajes de las Miss Chile, se defendió con sus 25 años de carrera y un “te falta mucho por trabajar”.
“A la mamá de la (Macarena) Puigrredón le probaba los vestidos a las 8 de la mañana y me iba con mi Volkswagen -que prácticamente era mi oficina- por Camino el Alba con el vestido colgando. ¿Quién se imaginaría eso? Yo no le vendí mi cuerpo a nadie para llegar a donde estoy. Ha sido trabajo y estudio, y por eso agradezco a mis padres que me permitieron una educación maravillosa y fueron visionarios”.
El reconocimiento a sus papás es más que meritorio. Aparte de venir de una familia que, como llama Miguel Ángel, era súper “fashionista” -“mi abuela paterna fue sastre de profesión y la madre de mi madre, por mi lado Ormazábal, creó un instituto de belleza”- tuvo la oportunidad de irse a estudiar y terminar “la secundaria” en Estados Unidos, siendo aún un adolescente.
“Cuando llegué, el shock cultural no fue menor. Yo venía de un país en dictadura, y poder ir hasta Estados Unidos, sin duda, cambió mi vida. Allá tuve una profesora que me dijo que tenía mucho talento y que pensara en estudiar algo con diseño. Y claro, uno pensaba en los prejuicios, eran los ‘80”. Pero Guzmán estaba más que acostumbrado a hacer caso omiso del qué dirán, cuando se paseaba por la ciudad que lo vio crecer, Viña del Mar, con sus gorros tiroleses con plumas y sus abrigos negros de inmensas hombreras.
“Era una suerte de Carrie Bradshaw, pero dentro del cuerpo de un hombre y en los ‘80... Y en Chile. Olvídate los problemas con mi papá, que era de carrera naval. Yo era como la perdición para él”. Al dar esta entrevista, Miguel Ángel se encuentra pronto a partir a Los Ángeles, donde además de visitar las ferias de moda, irá hasta su “class reunion”, tras 30 años de egreso.
-Desde entonces, ¿qué cambios has notado en la moda nacional?
“Principalmente, el que la gente tenga identidad en el vestuario. Amo a la gente joven con sus cortes de pelo, sus mohicanos, sus pantalones puestos a la mitad de las nalgas, estos pitillos, con sus sombreros. Ellos demuestran cómo el corazón se abrió, la mollera se soltó y se perdió esa sensación de la culpa. En mi tiempo, recuerdo que en algún minuto de mi vida tuve pololas. Y una vez entré a la casa de una de ellas, muy amada, con botas vaqueras de gamuza color cáscara, con unos pantalones amarillos, pero de un color muy sutil, una camisa blanca con rayas a tono y un cinturón increíble. Olvídate, casi se desmayaron”.
-Hace poco hiciste una crítica de que antes las mujeres querían verse más distinguidas y hoy parece que prima el look más...
“Putón, eso es verdad, cambiaron los cánones de belleza. Antes siempre se trabajaba –y no quiero sonar siútico- desde un patrón más europeo y hoy día, si no tienes medio kilo de silicona, si no estás en pelota a las 8 de la mañana con una cosa inllevable en el invierno, pareciera que no vendes. No sé, no logro entender en qué minuto se perdió el gusto. Me acuerdo de la Raquel (Argandoña), que era un espectáculo verla. Salía con un vestido más lindo que el otro todos los días, y en su minuto
No hay comentarios:
Publicar un comentario